INSTANTE

 

"Dicen que la felicidad es un instante, 

¿pero acaso la vida no es una suma de instantes?"

José Narosky


Instante. Ese precioso momento en el que apareciste de la nada mientras yo dejaba que mis ojos recorrieran las laderas de la montaña que emergían sobre mi en una fría y desapacible mañana de primeros de septiembre, las negras nubes no cesaban de oscurecer un sol que intentaba en vano colarse entre ellas, y entre las briznas de hierba bamboleadas por el viento apareciste.


Instante. Ajeno a mi, continuaste bajando por aquella ladera tan vertical que a mi me asustaba que en alguno de tus muchos saltos pudieses quebrarte una pata, aunque tu desafiante continuabas descendiendo de roca en roca aún sin verme, sin escuchar mis pensamientos, sin ver mis miradas, sin oír los latidos de mi corazón mientras yo, yo te contemplaba.


Instante. Aquel en el que apenas unos metros nos separaban, yo en aquel camino de montaña, tú contemplando la otra ladera, ni siquiera habíamos cruzado una mirada y yo sentía que mi corazón iba a estallar de esa inmensa alegría de contemplarte, tan cerca que podía oír el resoplar de tu aliento descansando después de la bajada. 


Instante. Sentí tu miedo, al verme allí parado, inesperado contemplador de tu descenso, admirador de tu caminar entre las rocas, disfrutador de tu belleza, parado sin saber que hacer para no asustarte y en el instante que tu mirada se posó en la mía decidiste agitar tu carrera, devolver tus piernas cansadas a la seguridad de la ladera por la que te había visto descender, te asuste, me dolió asustarte.


Instante. Tú detuviste tu alocada carrera, yo ya me iba siguiendo mi camino, tú me mirabas extrañado, yo caminaba sin dejar de mirarte, tú seguías allí en lo alto esperando y yo te dije adiós sin pronunciarlo.


Instante. Caminé no se cuanto, más bien poco, sin mirarte y al girar mi cabeza te vi, eras la esencia pura de la belleza, en tu montaña, el viento continuaba agitando las briznas de hierba que estaban a tu lado en aquella fría y desapacible mañana de principios del mes de septiembre en la que yo caminaba dejando que mis ojos recorrieran las laderas de la montaña y todo cambió en un instante.




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