CHARCO




Recuerdo muy bien ese miedo infantil.

Evitaba los charcos tras la lluvia,

sobre todo los recientes.

Alguno podría no tener fondo,

aunque se pareciera a los otros.


Me meto y de pronto me caigo toda,

comienzo a volar hacia abajo,

y más y más abajo,

en dirección a las nubes reflejadas

y a lo mejor más allá.




Luego se seca el charco,

se cierra sobre mí,

y yo atrapada para siempre -dónde-

en un grito que no sale al aire.


Solamente después llego al entendimiento:

no todos los accidentes

siguen las reglas del mundo,

y aun si lo quisieran,

no pueden suceder.


Wislawa Szymborska


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