SERENDIPIA

 

"Somos libres de ir donde queramos y de ser lo que somos."

De "Juan Salvador Gaviota" Richard Bach


Serendipia se define como un descubrimiento que se logra de manera casual e imprevisto, cuando en realidad se estaba tratando de encontrar o de conseguir algo diferente. Aunque también puede ser un cualidad, la que tiene una persona para advertir que ha logrado descubrir una cosa importante, más allá de que ésta no guarde un vínculo con lo que buscaba originalmente.

Aquella tarde buscaba dar un paseo cerca de la mar, como todos los días en la isla, la marea aún estaba bajando y mis pisadas se alternaban entre la humedad de la  arena a la que el agua había abandonado y el frescor de unas olas que se deslizaban por mi piel, distraído contemplaba como mis huellas se iban quedando tatuadas en la arena, al alzar la vista vi como cientos de aves se posaban lentamente sobre los cons (grandes piedras esculpidas por las olas, el viento y las mareas), me adentré un poco más en el agua para subirme sobre una de ellas, que curiosamente me recordaba a un delfín y en aquella piedra pulida por las olas, el viento y la marea me senté para contemplarlas, ellas me miraban con la misma curiosidad con la que yo las miraba a ellas tal vez extrañadas porque no hubiese llegado volando como ellas y si caminando torpemente entre las rocas y el agua, en muy poco tiempo la mar descendió tanto que un lengua de tierra se abría entre mi roca y las de ellas, por un instante pensé en moverme a la siguiente roca, y casi a la vez que yo lo estaba pensando como si ellas leyesen mis pensamientos, iniciaron el vuelo y en una algarabía de voces que chorlitejos, ostreros, correlimos, agujas, zarapitos y andarríos entonaban a la vez. Las barcas se iban quedando varadas en la arena mientras aquella mar se alejaba de una orilla que hacía nada había estado acunando, casi a la vez el sol que me calentaba sentado sobre aquella curiosa piedra comenzaba a descender sobre la tierra firme, que extraña palabra, tierra firme, acaso yo que ahora era un habitante más de aquella isla no pisaba una tierra tan firme como la que estaba contemplando mientras el sol descendía sobre ella, aunque quizás la isla, de la que ahora era parte, se meciese al son de las olas, como aquellas barcas que hora quedaban varadas en la arena. Y una vez más como cada uno de aquellos días el sol comenzó su espectáculo y como cada tarde aquellas curiosas piedras se fueron cubriendo de siluetas, sobre ellas garzas reales, gaviotas reidoras, cormoranes, gaviotas de patas amarillas y yo disfrutamos contemplando como el sol descendía con más rapidez de la que todos hubiésemos deseado y al mirar aquel cielo teñido de naranja las vi alejarse volando, que pena no tener alas como ellas para pode volar sobre un cielo naranja de cualquiera de los atardeceres que he contemplando en aquella isla.


 
Serendipia

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