Y ASI FUE COMO DI MI PRIMER PASO


El primer paso no te lleva a donde quieres ir, 
pero te saca de donde estás”.



Paso, y el primer paso fue llegar, regresar a la normalidad arrebatada por esos días de confinamiento, ojalá las causas hubiesen sido otras y esto se hubiese quedado en una pesadilla, pero como recuperar lo perdido, la última vez que había estado aquí era febrero y estábamos en invierno, vuelvo en mayo casi a finales, cuando nos dejaron, no recuerdo haber estado alejado tanto tiempo de los bosques y me preguntaba como sería ese reencuentro. 


Vegetación, un corto paseo de unos siete kilómetros para recuperar sensaciones antes de subir, el camino tupido por una frondosa naturaleza que ante nuestra ausencia recupero mucho terreno apenas existía en el primer kilómetro siendo sustituida por todo tipo de vegetación entre ellas, ortigas, si ortigas y yo iba de pantalón corto, un día soleado, sin mochila y para un paseo que mejor que pantalón corto y camiseta, y también como no un buen baño de ortigas, no en vano es beneficiosa para reducir la fatiga, estrés o anemia y para combatir las alergias respiratorias, la tos o el asma. Así que un buen baño de ortigas.


Arboles, hayas, nogales, avellanos, robles, castaños, cerezos competían en un paisaje espectacular en perfecta armonía con un verde casi de cuento de hadas, digo casi porque hadas no vi, pero si ardillas, hacía mucho que no veía tantas ardillas, otra cosa fue fotografiarlas, porque ante mi llegada corrían aceleradas árbol arriba mientras mis dos acompañantes se afanaban desde abajo en intentar subir a cogerlas.


Agua, el agua bajaba en torrenteras, por el camino, entre las piedras, en este tiempo sin que nadie desviase el curso de su fluir, surcó lo que le apetecía, un agua limpia, transparente, pura, apetecible y fría muy fría, seguramente las ardillas aún estarán asustadas de mis alaridos al entrar en ella para intentar paliar el quemazón de las ortigas, ser son buenas pero como pican las condenadas.


Guardián, necesitaba verlo de nuevo, acercarme hasta él fue algo místico y deseado, detenerme debajo y escuchar las cosas que quiso contarme, el guardián silencioso de este camino, cuantas veces nos hemos visto tú y yo amigo, me hablaste de los corzos, de un par de lobos que pasaron la otra noche, de un búho que tiene la osadía de posarse en ti, de las noches frías del invierno, de los días sin nosotros, de mí, todo eso acompasado por el alegre trinar de un pareja de petirrojos que se declaraban su amor.


Montaña, y la vi, mi montaña, más de veinte veces he estado en su cima, su pequeña plataforma se ha convertido casi en mi casa en esta montaña tan camaleónica que tanto me encanta, su medio cuenco, esa agreste crestería, que preciosa estas, mañana te veré desde más cerca.


Cascada, guardo muchos recuerdos gratos de este lugar, el agua bulliciosa que desciende en una preciosa torrentera que acaba rematando en la cascada y esos seres imaginarios que están tallados en sus rocas, la techumbre del bosque que la protege, ese verde y su constante frialdad y belleza inigualable. Hay muchas cascadas pero a mi, a mi darme esta y aquí me quedo.


Bosque, necesitaba sentir de nuevo su latido para que mi corazón se acompasase con el suyo, he de reconocer que no me costó ningún trabajo, ni a mi corazón ni tampoco al bosque, la luz se cuela por las ramas en un verde que se ha apoderado durante estos meses convirtiéndolo casi en una selva, una selva de latidos, de pisadas, de huellas, de vida, es primavera y el bosque renace de nuevo, tal vez mi corazón también, tal vez.



Ir, tal vez esa rosa me marca el camino para mañana, subiré alto, lo más alto que pueda y desde allí veré todo ese mundo que me inunda, que me llena, desde aquí viéndolo como lo ve la rosa todo parece más pequeño que ella, incluso yo que la disfruto, me llega su fragancia, cuanto hace que no olía la fragancia de una rosa, cuanto...


Yo, pero no quiero anticiparme, yo y las montañas.


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