EL HOMBRE QUE BAJO POR EL MONTE OSCURO


"La huida no ha llevado a nadie a ningún sitio".

Antoine De Saint-Exupéry


Los hombres arrastran razones que les llevan a hacer algo y cuando aquel hombre pasó caminando por la pequeña aldea, fueron muy pocos los que las vieron, algunos solo le vieron pasar con una abultada mochila a su espalda camino del Monte Oscuro, solo una mujer joven que lo ve venir desde las primeras casas se le queda mirando, él con la vista clavada en el camino, no hizo ni ademán de saludarla, le dijo: pero a donde va buen hombre, ya nadie va por ese camino condenado, dese la vuelta no lo pille la Xana. Él le devolvió una sonrisa, y ella siente como un escalofrío recorre su cuerpo, aquel hombre que caminaba solo y en silencio arrastraba con él una pesada carga mucho más abultada que su mochila.


El camino del Monte Oscuro se había abandonado, ninguno de aquellos hombres y mujeres que allí vivían recordaban cuando fue la última vez que alguien había ido por allí, de padres a hijos, de abuelos a nietos en las noches oscuras de aquella aldea se contaban desgarradoras historias que hacían que todos temiesen acercarse allí, unas decían que en aquel bosque se habían perdido casi media docena de niños del pueblo y que nunca nadie los había encontrado, otras hablaban de las voces que se oían en los noches de niebla, el llanto de una mujer que grita un nombre que nadie entiende y que de tanto insistir los desvela. Sea como fuere, aquel monte era maldito para aquellas gentes acostumbradas a oír, ver y asentir.


Aquel hombre que solo y en silencio dirigía sus pasos hacía la entrada de aquel camino, miró a la mujer con desgana, le sonrío y continúo caminando, llego hasta el final del pueblo y rebasó el tranquilo camposanto, dicen quienes lo vieron que allí giró la vista y miró al pueblo, lo cierto fue que su vista estaba anclada en el camino, imperturbable continúo descendiendo por aquella estrecha senda cubierta de maleza y de ramas, fue entonces cuando le pareció oír su hombre, se detuvo, el sendero desaparecía entre la maleza, los árboles parecían gigantes dispuestos a agarrarlo con sus enormes ramas y hasta los pájaros habían dejado de cantar, el imperturbable continúo caminando.


Como pudo se fue abriendo paso entre la maleza, saltando de roca en roca, rodeando enormes hayas que parecían hacer equilibrios en el monte, ningún camino estaba en su memoria, el viento arrastraba alguna letra de su nombre y esa era su guía en aquel laberinto impenetrable de roca y ramas. Los últimos haces de sol descendían entre las ramas de los árboles iluminando el suelo del bosque cuando llego a un claro, allí vio el enorme tronco de una vieja haya que yacía en el suelo, se apoyó en ella y comió algo, la oscuridad y el cansancio hicieron el resto, se acurrucó contra el haya y cerró sus ojos, la noche fue larga y fría, el viento continuaba llevando hasta el letras de su nombre, le pareció percibir en sueños el sonido de pasos, que alguien le tocaba, abrió lo ojos y solo pudo ver a un búho posado en una rama de aquella haya y continúo durmiendo.


Los primeros rayos del sol de la mañana le despertaron, se levantó y vio en la pradera lo que le parecieron unas huellas, más pequeñas que las suyas se adentraban de nuevo en el bosque, las siguió y aquellas huellas le llevaron hasta un pequeño arroyo que descendía zizagueando entre las hayas y allí se perdían, recorrió ambas orillas y no encontró más huellas, bebió un poco de aquel agua fresca y cristalina y mientras lo hacía le pareció percibir que alguien le llamaba, miró y no vio nada. Se agachó de nuevo y vio salir a una mujer del agua, de ojos azules y cabellera rubia avanzaba hacía el tendiéndole la mano, él alargó la suya y juntos desparecieron en aquellas frías y cristalinas aguas mientras aquella desconocida pronunciaba sin parar su nombre: Nel, Nel, Nel...


Cuentan los que viven aún en esa aldea que de aquel hombre que se fue por el camino del Monte Oscuro no se supo más, nadie le vio regresar y hasta allí nadie fue preguntando por él, con el tiempo casi todos fueron olvidándolo, los más viejos también dicen que en aquellas noches de niebla se dejaron de escuchar aquellos terribles llantos de mujer. En la oscuridad de su casa una mujer contempla la noche, abre la venta y la densa niebla comienza a entrar por ella, de repente una voz rompe el silencio de la noche: Nel, Nel. La mujer cierra la ventana casi a la vez que a su mente se le viene la sonrisa de aquel joven que un día entró el Monte Oscuro y murmura: Te lo dije Nel, te lo dije, ya nadie va por ese camino condenado, dese la vuelta no lo pille la Xana.




Comentarios

VENTANA DE FOTO ha dicho que…
Muy bonita la historia y los paisajes de las fotos. me ha tenido en suspense del principio al final.

Buenas Noches. Feliz Descanso.

Besos
El tejón ha dicho que…
Precioso relato, Carlos, y acompañado de tan bellas imágenes.
Las ganas de entrar en el bosque eran más grandes que el miedo a hacerlo.
Un abrazo.