CUBO LA GALGA


 Laurisilva (en latín: laurus+silva, 'bosque de laurel')



Quería hacer un viaje en el tiempo, no, no en el meteorológico, hablo del temporal y retroceder digamos unos veinte millones de años, lo se, mucho tiempo, pero quería volver a ver como eran los bosques en ese período Terciario, los inmensos bosques de laurisilva. Pero no me haría falta, me hablaron de un lugar en la isla de la Palma, conocido como "Cubo de la Galga" allí la laurisilva canaria, que tuvo su origen en esos antiguos bosques terciarios que desaparecieron de nuestro planeta hace también millones de años se ha mantenido viva, en estas islas de la Macaronesia, porque aquí  encontró las condiciones óptimas de humedad y temperaturas templadas, para seguir viviendo.


El Cubo de la Galga está en la isla de La Palma, la isla bonita, oculto en un precioso rincón, en el que nada más entrar te das cuenta de que todo lo que vas a contemplar, lo que tus ojos van a ver es realmente extraordinario, un pequeño mundo entre luz y sombras lleno de magia y belleza. 


Comenzamos el recorrido en el Centro de Interpretación del Cubo de la Galga, allí amablemente nos explicarán los diferentes recorridos y también nos darán un plano de este espectacular bosque. La ruta elegida es una circular (PR LP-5.1) que se adentra en el barranco, atraviesa el bosque y asciende hasta el mirador de Somada Alta. 


El primer tramo se introduce en el barranco por una pista asfaltada, a pesar de ello, no deja de impresionarnos la belleza de todo lo que vamos encontrando, la luz, el verde de los árboles y el musgo, los contrastes de la zona sombría y la humedad, es muy temprano, no hay nadie más aquí dentro y hay un poco de niebla, que más se puede pedir.


Detalles, misterio, magia e imaginación, el discurrir lento invita a ello, las enormes piedras bien parecen cabezas de gigantes a punto de salir del letargo del sueño de la noche, o tal vez dormidos para siempre aquí en el lugar que eligieron para descansar eternamente. La ruta no es larga, hablo de distancia, el tiempo lo marcas tú, que prisa hay sumergido aquí en este bosque del terciario.


El asfalto deja paso a una nueva pista, esta vez de tierra, viñátigos, aceviños, barbusanos y laureles  se mezclan con helechos y tilos milenarios, la luz, la luz me fascina, me envuelve y juega con la vegetación, o tal vez esté jugando conmigo. Acepto su reto, me gusta este juego entre sus sombras y luces.


Lentamente y sin prisa vamos ganando altura en el barranco, el tiempo parece haberse detenido, la pista desaparece y penetramos en un sendero, bien marcado, perfectamente visible nos lleva al acueducto por el que desciende el agua tan valiosa en esta isla para ser usada en la agricultura y para beber, bajo el una puerta, parece la entrada de Jurasik Park.


Un poco más adelante el camino se bifurca, aquí comienza la circular, para subir al mirador tomo el camino de mi derecha, volveré por mi izquierda, los helechos enormes, gigantes, se multiplican, crean un auténtico bosque a la sombra de los enormes tilos, ellos forman tapices vegetales con sus sinuosas formas y sus verdes y frescas hojas, llamadas frondas. 


El camino salva el desnivel elevándose sobre el profundo cañón que aún sigue siendo excavado por el agua por el descienden las inmensas torrenteras que le dan forma. En este tramo el camino va protegido del barranco, si nos fijamos podremos observarse algunas cuevas que son refugio de aves como las palomas, pinzones o chochaperdices, también habitan en este habita rapaces como el búho chico y murciélagos que se refugian en las cuevas y oquedades.


El camino prosigue internándonos en una auténtica selva, impresionante. La vegetación es la dueña de este lugar, de las húmedas paredes cuelgan helechos: veroles o verodes con sus curiosas formas y cerrajas con sus hojas rizadas.



El sendero nos lleva hasta una ancha pista por la que ya casi en llano caminaremos hasta llegar al mirador, no por ello deja de ser impresionante contemplar la espectacularidad de este bosque y disfrutar de cada de los muchos detalles que nos va dejando.



Podría deciros que me costaba caminar, las pequeñas cosas que convierten en mágico un lugar se iban multiplicando a cada paso, la luz, la luz en sus sombras.



Apetece sentarse y esperar, esperar y ver como va cambiando la luz, como se va moviendo en la roca, en los árboles, en los helechos, en mi.


Llegamos al mirador y su vista nos regala un impresionante mar de nubes en cuyo fondo podemos ver la cima del Teide, la montaña más alta de nuestro país emerge sobre las nubes, desde La Palma parece tan cerquita la isla de Tenerife.



En el mirador un cartel indica la dirección que tenemos que seguir para volver a La Galga, un primer tramo de descenso bastante fuerte nos deposita en un lugar extraordinario, las fotografías de la parte superior no le hacen justicia, un estrecho pasillo en el que los pájaros hacen de coro y los árboles y sus raíces ponen la magia.


El sendero nos deposita en unas casas y por carretera continuamos hasta retomar de nuevo un sendero que nos reintroduce en la Galga en un tramo espectacular con continuas subidas y bajadas colgados sobre el bosque.



En algunos tramos parece que vas flotando, uno no alcanza a vislumbrar toda la belleza de este lugar, apetece descender por la ladera y perderse en algún tramo no pisado, pero hay que respetar la senda y continuar.

  


El sendero se estrecha y los helechos te cubren completamente, estos gigantes superan con mucho los dos metros de altura, emergen disputándose la luz que dejan pasar los tilos, me encantan, mucho.

   


El sendero circular se acaba y volvemos al camino que nos devuelve al acueducto y a esa puerta mágica, a un lado y al otro belleza lo mires por donde lo mires.


Cuesta abandonar un mundo así, he estado en muchos bosques, he caminado muchísimas horas por ellos, pero está costando abandonar este, ralentizo mis pasos adrede, me quedo parado apropósito, pero el sendero me devuelve al camino y el camino me lleva al asfalto que me va devolviendo a la puerta de entrada y de allí a la civilización, aquí se queda esta extraordinaria muestra de los bosques que cubrieron la tierra hace veinte millones de años, ahí es nada.


La ruta han sido unos nueve kilómetros que es lo de menos, el desnivel sobre unos seiscientos metros que está bastante bien y el tiempo, el tiempo ha volado aquí dentro, espectacular, pero separando un cacho largo cada una de las letras de esa palabra. Espero que os haya gustado.

cuidaros mucho




Comentarios

VENTANA DE FOTO ha dicho que…
Me he perdido un hermoso lugar. al no haber viajado a esa isla, tuve ocasión de hacerlo cuando viajé a las Canarias, siete días estuve en la isla de Tenerife y otros siete días en Gran Canaria. Hubiera estado bien viajar también a Lanzarote.

Besos
Conchi ha dicho que…
El paseo me ha encantado Carlos. A mi me gustaría retroceder en el tiempo pero no tanto con dos mil años me conformo. Cuídate.

Abrazos.