AQUELLA TARDE CÁLIDA DE FEBRERO



“La paciencia no es la capacidad de esperar. La paciencia es estar tranquilo sin importar lo que suceda, tomar medidas constantemente para convertirlo en oportunidades de crecimiento positivo y tener fe para creer que todo funcionará al final mientras esperas.”

Roy T. Bennett


La dama blanca se posa sobre la tranquila laguna en una tarde soleada de finales del mes de febrero, el agua calmada apenas inunda un palmo del acuífero, la marea comienza a inundar las zonas secas y ella puntual a su cita acude en un vuelo grácil, lleno de belleza y se posa como no queriendo perturbar la tranquilidad que nos acompaña mientras el sol desciende sobre las lejanas montañas y los pájaros acompasan con sus trinos este día soleado. La dama blanca, la garza (Ardea alba) removerá con su largas patas el suelo creando ondas en la superficie de ese agua remansada y en una fracción de segundo descenderá velozmente con su largo pico sobre su presa, tal vez un pez que ha ascendido por la ría aprovechando la corriente y todo volverá  a la calma, a la quietud, a la espera en la laguna en esta tarde soleada de febrero.


No muy lejos ajenos a la quietud de la dama blanca, adormecidos por la calidez y calidad de un sol que nos apetece a humanos y aves, dormitan en la orilla y sobre el agua varias cercetas, cerceta común (Anas crecca)​​, una de mis anátidas favoritas, me fascina enormemente su gracilidad, ese castaño rojizo de su cabeza, y me recuerdan a esos héroes del cómics que leíamos de niños por su llamativo antifaz verde que bordea una línea amarillenta, ¿habrá pato más guapo en este planeta?.


Si os dijera que el ave que se encuentra en la fotografía superior es una Gallinago Gallinago creerías que os estoy engañando, nada más lejos de mi intención, lo es, ese es su nombre científico, el nombre por el que la conocemos el común de los mortales es: Agachadiza común. Esta limícola con ese perfecto clamufaje para pasar desapercibida en el entorno en el que se mueve, corretea depreocupada en una búsqueda constante de alimento principalmente invertebrados, hundiendo su pico en el fango hasta que de repente se asusta y rompe la quietud de aquella tarde soleada de febrero, levanta el vuelo emite y se aleja a un rincón más seguro repitiendo mientras vuela su catch o ca-atch. 


Hasta escondida en lo más profundo del cañaveral es un pato precioso, ¿no? 


Sumida en un profundo sueño, una hembra de Anade azulón o real ((Anas platyrhynchos), dormita mecida por la paz del agua, la cabeza encogida sobre su dorso, se mece tranquilamente ajena a la ruidosa huida de la agachadiza. La hembra de colores más apagados que los machos, mucho más llamativos que ella, cuyo plumaje se compone únicamente de manchas amarillas y marrones. 


Los paseriformes alegran con sus cantos esta preciosa tarde de febrero, vuelan sobre la laguna en su búsqueda constante de alimentos, se posan sobre las ramas, los árboles o desciende plácidamente a las orillas para beber provocando encuentras casuales, a la pobre cerceta dormida la ha despertado el alegre canto de este pajarito que no entiende que con el día que hace se esté dormido.


Y alejados del bullicio de la orilla un par de anátidas descansa tranquilamente en la quietud de la laguna más profunda, seguramente llamará nuestra atención por su forma tan curiosa en la que destaca su pico, la Cuchara común (Anas clypeata), si, si, su pico recuerda a una cuchara, de ahí su nombre, su curiosa forma es debido a su adaptación para filtrar materia vegetal y pequeños animales (insectos y sus larvas, crustáceos, moluscos) del agua y lo hace aspirando el limo y reteniendo en las laminillas de sus bordes los pequeños organismos que le sirven de alimento. 


Mientras la hembra de Anada Real (que bonito nombre) se alimenta, para ello extrae con su pico del fondo de la laguna brotes y plantas acuáticas, estas abnegadas madres que en época de cría permanecen solas en los nidos, sin ninguna ayuda de los machos, cuidando de los entre tres a doce huevos de su puesta, cuando eclosionen seguirá cuidando de sus crías en soledad hasta que pasados dos o tres meses ya estén preparados para volar.


La tarde aquella tarde, remató en un precioso atardecer, el sol se fue ocultando lentamente detrás de las montañas y la laguna comenzó a adormecerse, el agua en calma, la dama blanca continúo con su danza sobre aquella aguas ahora plateadas, cercetas, ánades reales y cucharas comunes se preparaban para el largo sueño de la noche y la agachadiza levantó el vuelo emitiendo su sonoro catch o ca-atch, mientras la quietud continuaba en la laguna en aquel anochecer de una tarde cálida de mes de febrero.





Comentarios

La Biosfera de Lola ha dicho que…
Me encanta Carlos, e resultó relajante leerte. Sin duda tenemos que tener paciencia y pensar que pronto terminará esta pesadilla. Un abrazo y cuidate mucho.
VENTANA DE FOTO ha dicho que…
Todo es bellezaa y quietud, en la Naturaleza. esperemos seguir disfrutando de ella, cuando pase todo.

Sabias palabras encabezan tu entradas, parecen haber sido escrita para estos días.

Besos
Beatriz Martín ha dicho que…
Tius letras acompañadas de estas hermosas fotografías son sublime algunas me hicieron viajar bajo este encierro gracias un abrazo desde mi brillo del mar