TIEMPO Y DISTANCIA


“¿No te bastaba con el bosque, 
con la voz de los árboles, 
con el susurro del viento 
y la energía de la tierra? 
¿Conoces algún tesoro mejor que el secreto de la vida?”

Laura Gallego García


Las hojas crujen con mis pisadas, ya hace tiempo que el tiempo ha dejado de acompañarme aburrido por mi continuo caminar, el sendero apenas se percibe ya que casi a un tiempo las hojas de castaños y robles han decidido desprenderse todas a una hasta cubrirlo.


Me han dicho que por aquí hay robles que tienen más de tres cientos años, mientras retomo un camino que tenía olvidado me quedo pensando en tanta distancia temporal, tres cientos años atrás y desde allí hasta ahora cuantos caminantes, como yo, se han adentrado en estos bosques mágicos, sagrados, cargados de tanta naturaleza.


De un tiempo a esta parte tengo la extraña sensación de que la niebla esta decidida a acompañarme, no me disgusta su compañía, me gusta como nos envuelve a mi y al paisaje, como descarga en rincones ya de por si bellos su magia.


Hace ya un tiempo que cesó la lluvia y que yo he vuelto a esa camino que han marcado los hombres en el bosque, el ancho sendero que tal vez tenga más de trescientos años y que sin ninguna duda la mayoría de los árboles de este bosque que cruzo conocieron en sus primeros días de vida, la lluvia ha dejado reluciente ese verde que solo el musgo puede colorear en el paisaje, hace ya tiempo que la niebla me sigue acompañando.


No te salgas del camino le dice mi cabeza a mi corazón que lucha con el por desplazarse arriba o abajo, que busca en el bosque caminos imaginarios marcados por la belleza de lo que va contemplando o de lo que le transmiten mis ojos que no cesan de mirar, de percibir, de sentir, tal vez por aquí pasó hace ya tiempo un poeta y en este mismo lugar en el que yo ahora respiro el escribió unos versos, tal vez: 

Hablemos de ti y de mi
ya que vivimos.
Tu y yo en los vientos
y en los solsticios.
Tú y yo en los bosques
y en los ríos
Tú y yo, historia
de cuerpos desnudos
Tu y yo, nostalgia
de albores íntimos.
Tu y yo sin tiempo
por el tiempo que fuimos.


Me detengo a escuchar a Celso Emilio recitando su "Longa noite de pedra" habrá mejor lugar para hacerlo, musgos, líquenes, hojas, ramas, verdes, marrones, la niebla, el goteo constante de la lluvia, la humedad y justo en ese instante una hoja decide desprenderse de su rama.


Me pregunto a donde llevara este camino ahora flanqueado por pequeños muros de piedra verde, a ambos lados un bosque infinito que asciende y desciende por la montaña por la que transito, tal vez mi destino no sea recorrerlo entero, solo descubrir esta pequeña parte por la que transito.


Me detengo de nuevo, el viento se cuela entra las ramas de los árboles mientras mis pasos hacen crujir a las hojas de este otoño, la melodía conjunta se funde en mis oídos mientras camino y mi olfato registra cada uno de los olores que me llegan del bosque, mi vista se deleita a cada paso y mi tacto se detiene en el musgo, en las hojas, en el liquen y en el agua que desciende de los arroyos.


Se abre un claro en este bosque, desde el puedo observar el inmenso mar que desciende ladera abajo, los ocres, los marrones, los verdes, algún matiz rojizo y como la niebla se dispersa velozmente, un cartel me dice que he llegado al final de mi camino, allí el gran bosque fue testigo de mi juramento, volveré para recorrerte de nuevo. La niebla volvió a cubrir el bosque, la lluvia continúo cayendo y aquel hombre descendió por el camino por el que llevaba caminando ya va para trescientos años....




Comentarios

VENTANA DE FOTO ha dicho que…
Son maravillosas estas imágenes. Creo que en ellas has captado el alma de la Naturaleza, que resulta bastante dificíl de fotografíar.

Besos
El tejón ha dicho que…
Una entrada maravillosa, Carlos.
Un abrazo.
Paloma Robles Blanco ha dicho que…
Vaya belleza escondida en cualquier rincón y que tú tienes la facilidad de encontrar y mostrárnosla. Un abrazo y felices fiestas.