ANDAR POR ANDAR




Ni mi mochila, ni mi botas, ni yo estábamos preparados para todo lo que habían anunciado, después de tantos días de sequía y de un otoño casi veraniego, al fin anunciaban lluvias, lluvia bendita lluvia tan esperada, aunque daba la sensación al oírlo que era un fenómeno meteorologico extraordinario, aunque en cierta modo así era. Como perderse algo así, como no aventurarse a pasear bajo ese aguacero que anunciaban, bajo esa lluvia que volvía a caer sobre los bosque, así que al levantarme y ver llover fui y consulté con la mochila y las botas y ambas rebosaban de alegría, cierto es que tanto a ellas como a mi nos encanta la lluvia, así que sin dudarlo allá nos fuimos, alcé mi mochila semivacía y mis botas comenzaron a chapotear sobre los charcos exultantes, salimos en un andar por andar, sin rumbo fijo, sin saber el destino, sin fijación por llegar, solamente a acompañar a la lluvia, aunque para nuestra desesperación resultó que a los escasos diez minutos de comenzar a caminar la lluvia cesó de repente y a los pocos minutos los cielos comenzaron a cubrirse de azules y de añiles; el único agua que caía sobre mi mochila y sobre mi eran los goterones que se desprendían de las ramas de las hayas y la única que seguía mojándose eran las botas que hacían burla constante tanto de mi como de mi semivacía mochila, ambos intentábamos no hacerle caso yo seguía a lo mío, que si foto aquí que si foto allí y camina que te camina en un andar por andar los tres fuimos atravesando caminos, ríos, senderos, pueblos y más y más caminos bajo un cielo azul que incluso comenzó a iluminarse por los rayos del sol, y de la lluvia ni rastro, mirases a donde mirases ni una nube gris; tanto anduvimos que me entró hambre, sentado en una piedra al borde del camino me dispuse a abrir mi semivacía mochila para comprobar con estupefacción que en ella solo había una manzana, un plátano y una naranja, la miré interrogándola y ella disimulaba mirando para el bosque mientras las botas se reían abiertamente y mi estómago comenzaba a crujir de pura hambre, así que opte sin el beneplácito de mis dos acompañantes que deseaban continuar por regresar justo en el lugar al que llaman el saltu´l lladrón, dicen las buenas lenguas del lugar que fue justo aquí donde un ladrón perseguido por los mozos del pueblo se tiró al río al no ver escapatoria, cuesta entenderlo viendo la elevada altura que cobra el camino sobre el río, mis botas y mi mochila comenzaron a temblar de puro miedo cuando me escucharon decir: igual van a empezar a llamarle el saltu de la mochila y les botes; desde ahí y en todo el camino de regreso por caminos, ríos, senderos, pueblos y más y más caminos ni mi vacía mochila ni las mis botas volvieron a hablarme, mientras yo iba rebuscando entre las moreras para acallar como podía el hambre...


La canción que acompaña a estas fotografías 
es del pianista americano David Lanz y 
se titula "Courage of the wind"

Comentarios

VENTANA DE FOTO ha dicho que…
Cuesta trabajo acostumbrarse a tanta sequía en una tierra cuya característica es la abundancia de agua. Por el Sur también ha llovido y de nuevo vuelve a estar los días soleados aunque con una bajada de temperatura.

Besos
Unknown ha dicho que…
Bonito relato Carlos, pasear después de la lluvia es un autentico placer, todo huele diferente y es mucho más luminoso. Gracias por traerme el recuerdo.
Un abrazo amigo