EL ALMA DE MIS HAYAS



 

Apuraba lentamente las páginas de un viejo libro de montaña en el que trataba de encontrar un antiguo sendero que descendía de uno de los bosques, rebuscaba lentamente entre las muchas palabras la clave que me guiará al lugar que yo deseaba, en la televisión el locutor alzaba conscientemente la voz cuando un jugador vestido de amarillo introducía el balón en la portería, en la mesa de detrás un adolescente golpeaba la mesa insultado a la vez a la madre de ese pobre portero, un poco más allá una mujer se afanaba en desmigar las noticias que leía en el periódico del día y en la barra tres paisanos hablaban afanosamente del mejor tratamiento para curar a una vaca enferma, yo encerrado en mi mundo apenas percibía más allá de las letras que hablaban de los caminos con los que soñaba y que esperaba encontrar al día siguiente en mi ruta, todos a la vez movimos deliberadamente nuestras cabezas hacía la puerta de madera que fue golpeada por lo que pensamos podría ser el viento y que rápidamente supimos que no era cuando vimos como se introducía bramando un personaje del pueblo al que todos conocíamos por Colás y otros por su apodo "Broncas", tan rápido como la alzamos la volvimos desviar hacía nuestros ensimismamientos tratando de evitar su mirada, excepto el pobre camarero que pacientemente atendió la exigencia de cerveza que le hacía el tal Colás, se ve que ni el fútbol ni las conversaciones eran de su interés cuando empezó a hablar solo, con la sana intención de que alguno de los que allí nos encontrábamos atendiéramos su conversación, el adolescente cogió su cazadora y salio por la puerta por la que el tal Colás había entrado y los demás seguimos a nuestras afanosas tareas, yo y la mujer de leer y los tres paisanos de la barra a sus vacas, solo el desafortunado camarero parecía asentir cuando Colás lo necesitaba y negar cuando este le exigía su no. Viendo que su público era escaso alzó aún más la voz probando con ello a sus muy tocadas cuerdas vocales que a duras penas le seguían su ritmo y empezó a bramar por su boca: "mirai güei balte cuatro enormes hayas, hasta'l mio güelu conociolas yá vieyes y nun m'aguantaron nin media hora, eso si vengo arreventáu, dos hachaes y non queda nin una caña" ("mirar hoy tale cuatro enormes hayas, hasta mi abuelo las conoció ya viejas y no me aguantaron ni media hora, eso si vengo reventado, dos hachazos y no queda ni una rama"), la mujer cerró el periódico y con un buenas noches por lo bajinis abandono el bar, los tres hombres apuraron sus copas y salieron por la puerta con un seco adiós como despedida y yo lentamente cerré el libro, lo devolví a su estantería, me giré hacía el camarero y le dije buenas noches Cundo y al pasar frente a Colás me giré y le dije: "sabes que ye l'alma Colás" ("sabes que es el alma Colás) sus ojos se abrieron de par en par casi a la vez que cerraba su enorme bocada que había continuado despotricando y sin dejarle hablar le dije: "daqué que les hayas tienen y el to non" ("algo que las hayas tienen y tu no").


Permitidme que la canción de hoy vaya dedicada
 a un gran músico que nos hay dejado...
Un placer David haberte oído una vez en directo
 y 
haber coincidido contigo en esta vida.... 
líala donde vayas...


Comentarios

Sara ha dicho que…
Cuántas veces he sentido yo ese alma de las hayas, y de tantos otros árboles...los adoro...ésta te ha quedado realmente preciosa...ese ojo te miraba fijamente¡¡sin dudarlo!! qué bonita.
Abrazotedecisivo