DE REPENTE



Sucedió en este mes de agosto que se nos agota y sucedió como suceden las cosas más extraordinarias: así, de repente. Ocurrió que en uno de esos días en que la mar se encuentra discutiendo acaloradamente con la tierra, y lo hace acompañada por el viento, un día en el que yo preferí curiosear en sus discusiones y en vez de alejarme y dejarlos discutir me fui acercando y mientras la discusión crecía y la mar se enfurecía más y más contra la costa y entre ambos golpeaban violentamente los acantilados, me encontré y fue de repente con unos pequeños chorlitejos que se acurrucaban temerosos de ellos, sin duda esperando que la mar y el viento terminaran su acalorada discusión con la tierra y allí en ella muy cerca de las rocas alejados de las violentas olas que alzaba la mar embravecida sucedió lo extraordinario: acurrucados los unos sobre los otros, unos, los más dormitando, otros, pocos vigilando, con sus plumas mecidas por el viento ellos mejor que nadie sabían que después de la tempestad siempre llega la calma.



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