TARTA DE MELOCOTÓN Y QUESO


Os confieso que las tartas de queso son mi vicio particular, las busco deliberadamente y me encanta puntuarlas (del 1 al 10) al saborearlas, también como no hacerlas y reproducir alguna de las muchas recetas que voy encontrando, jugar un poco con los diferentes ingredientes, así que tirando otra vez de recetario repesco esta receta que es ideal para días especialmente calurosos y que conjuga la tradicional tarta de queso con una fruta que me encanta: el melocotón. El resultado final es realmente espectacular puro placer y un gusto para todos los sentidos.


Así que sobre la mesa de mármol fui colocando los ingredientes: queso Mascarpone, nata, yogur griego, cuajada, azúcar, mantequilla, pasa, nueces, galletas maría y el ingrediente estrella, los melocotones.

En un bol grande coloqué ciento cincuenta gramos de galletas maría, cogí un trapo limpio y lo enrollé en el puño, lentamente fui triturando las galletas hasta que están quedaron echas harina, mientras tanto deje que se fundieran cincuenta gramos de mantequilla y cuando enfrió la añadí a las galletas, además de otros cincuenta gramos de pasas y nueces picadas, la intención hacer una masa, saque un molde redondo y fui colocando la masa en el fondo del molde, presionando con la yema de los dedos hasta cubrir la totalidad del molde. A continuación lo metí en la nevera para que reposara durante aproximadamente una hora.

Mientras compactaba la masa en la nevera le di al play al equipo de música y la voz de Aute comenzó a sonar en la cocina, su melodiosa voz me hablaba de James Dean y de primeras veces... eran "las cuatro y diez" y escuchando a Aute se paso la hora en apenas diez minutos.


Coloque en el fuego un cazo y en ella coloqué dos yogures griegos y doscientos cincuenta gramos de queso Mascarpone, los mezcle lentamente con una cuchara de madera y añadí otros doscientos cincuenta mililitros de nata líquida con ciento cincuenta gramos de azúcar, lo puse a fuego medio y comencé a mezclar con la cuchara mientras se calentaba a fuego medio. En un vaso puse un poco de leche y le añadí el sobre de cuajada, la desleí y añadí al cazo, había que seguir dando vueltas y vueltas para que la mezcla no se pegara hasta que esta comenzara a hervir, mientras Aute interpretaba "El niño que miraba el mar" y yo canturreaba "su mirada queda oculta pero veo, lo que ven sus hojas porque yo soy él" mientras la mezcla llegaba a su punto de ebullición.

Saque el molde de la nevera y coloque la mezcla encima de la masa, tenía que dejarlo reposar tranquilamente a temperatura ambiente hasta que este templara. Mientras lo hacía cogí cuatro melocotones a los que quite la piel y corte en trozos pequeñitos. Coloqué en un cazo y le añadí medio vaso de agua y cuarenta gramos de azúcar, tenía que cocer cuatro minutos y pasado ese tiempo añadí los melocotones cortados, dejé que confitaran juntos durante otros cuatro minutos y lo retiré del fuego a la espera de que enfriará, mientras Aute me sorprendía con "Un soplo de alegría".


La tarta ya estaba a temperatura ambiente, tenía que meterla en la nevera durante tres largas horas para que la masa termine de cuajar y enfriara. Tenía tiempo deje a Aute para otro momento para sumergirme en la lectura de el excelente libro de Haruki Murakami "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo", tengo la costumbre de leer y apuntar algunos párrafos que me gustan, el primero que me sorprendió fue este "no sé cuál es su auténtico nombre. Tampoco sé cómo es. Pero, se llame como se llame, sea como sea, el pájaro-que-da-cuerda viene cada día a la arboleda que hay cerca de casa y le da cuerda a nuestro apacible y pequeño mundo." Os tengo que confesar que esas tres horas apenas fueron diez minutos sumergido en la magia de Murakami cuando miré el reloj y habían pasado las tres horas.

Saqué la tarta de la nevera, la desmoldé y coloqué sobre un plato, luego fui colocando lentamente los pequeño trocitos del melocotón en la superficie de la tarta, cogí una pequeña cuchara de madera de boj y con ella cogí un trozo de tarta, me la lleve a la boca y saboree lentamente la tarta, os la recomiendo, esta de vicio y también muy fresca.

Comentarios

AtHeNeA ha dicho que…
Resulta delicioso, aun sin haberlo probado... su color y aparente textura lo convierten en un pato deliciosos, ... para los ojos y hasta el alma.
La tarta de queso es mi debilidad, lo confieso, con el remordimiento de estar lejos de este plato y la posibilidad de probarlo.
Parece, parece... una espiral de sensaciones, arco-iris de colores que que da luz al paladar y hace a los sentidos perderse, divagar y disfrutar.

un abrazo de luz
CARLOS ha dicho que…
Athenea, también mías, siempre ando detrás de ellas, me encantan. Gracias por tu precioso comentario. Un abrazo.