EL BANCO DE MADERA


   Como todos los días cuando apenas habían abierto las puertas, ella cruzaba la entraba  mientras pronunciaba un buenos días que desprendía timidez, alargaba su mano y dejaba caer sobre el mostrador los dos noventa que costaba la entrada, después se alejaba en silencio pasillo abajo camino del bosque, lo hacía a un paso tan lento que las ardillas que revoloteaban entre los árboles apenas se inquietaban por su presencia. Los abetos, pinos, abedules, sauces, carpes y carbayos que formaban el bosque parecían alegrarse al verla pasar, sacudían sus hojas a su paso, ella alzaba la vista tímidamente y se detenía frente a cada uno acariciando con suavidad las hojas, deslizando lentamente la mano por el tronco, el murmullo del agua del riachuelo arrullaba sus sus pasos cuando caminaba y los pájaros cantaban en las ramas de los árboles, se escuchaba de vez en cuando el croar distante de una rana, así llegaba a su banco, de madera, siempre se sentaba allí de espaldas al río y frente al bosque, al rato sacaba del bolsillo de su gabardina un pequeño cuaderno, un lápiz y tan lentamente como había llegado comenzaba a deslizar el carbón sobre la blanca hoja, levantando de vez en cuando la vista mientras trazos largos y cortos se cruzaban y sus ojos escudriñaban el cercano bosque. Cerraba el cuaderno varias veces, unas para contemplar como un atrevido gorrión se posaba en el el brazo de madera del banco, otras para observar el aleteo de una mariposa que inquieta buscaba un flor sobre la que posarse, ella siempre sonreía y volvía a abrir el cuaderno y seguía deslizando el lápiz sobre el, algunas veces algún visitante cruzaba por delante y ella tímidamente agachaba la vista y volvía a alzarla cuando este se alejaba. Así le pasaban las horas, sentada, dibujando, cuando acababa arrancaba la hoja y la posaba en las tablas del banco, después guardaba en el bolsillo de la gabardina el pequeño cuaderno y el lápiz, se levantaba y lentamente se alejaba y volvía despacio acariciando las hojas, deslizando su mano por el tronco de los árboles, sonriendo cuando veía a las ardillas corretear entre sus ramas, cruzando el bosque entre pinos, abedules, sauces, carpes y carbayos, y cruzaba la puerta dejando un adiós que desprendía tanta timidez como aquellos buenos días que sus labios pronunciaban al entrar.


Kris Allen - Falling Slowly

Comentarios

Ana Mínguez Corella ha dicho que…
Bonita imagen y relato.. Un saludillo..
Conchi ha dicho que…
Hola Carlos, un relato muy hermoso, ella dejaba sus dibujos sobre el banco que, seguramente algún caminante recogería.
Un abrazo.
Conchi.
VENTANA DE FOTO ha dicho que…
Precioso relato, ya te habrás dado cuenta que mis entradas son esporádicas, estoy tratando superar ciertos problemas físicos que me hace permanecer poco tiempo en el ordenador.

Besos

http://ventanadefoto.blogspot.com.es/
CARLOS ha dicho que…
Ana Mínguez Corella, muchas gracias, me alegra que te gusten relato e imagen. Saludos.

Priego, si, así era.Ella entraba a dibujar y dejaba sobre el banco sus dibujos, el caminante que allí se detenía encontraba un dibujo como en el banco. Un abrazo y muchas gracias Conchi.

Ventana de foto, me alegra mucho que te guste y espero que superes esos problemas físicos que te impiden escribir en tu blog, un enorme abrazo y espero tu recuperación. Besos.